domingo 8 de enero de 2012

172. Salvando en la marea


En alguna parte del mundo el alba se precipita.
Aquí y ahora la noche sigue rigiendo nuestros destinos.
Tu cuerpo pegado al mío hace rato que me observa.
La música no ha cesado en estas horas de cautiverio; a veces como contrapunto perfecto, otras simplemente como sonora delatora de nuestros silencios.
Turandot ha renacido de sus cenizas infinidad de ocasiones y toda esa repetición sólo ha servido para reiterarnos, una y otra vez, en nuestro propio desenfreno.


Giro la cabeza para encontrarte estirado a mi zurda, con tus ojos apuntando el horizonte de los míos.
Y te metes en mí, de nuevo. Y no por repetitivo tu gesto se hace menos morboso, menos imprevisible.
Cierro los párpados para dejarte ahí, prendado de mis cortinillas y me preparo para sentir el espectáculo.
Con los primeros vientos, tu calor empieza a inundarme. Tus dedos juegan en mi pelo, caracolean mechones entorno a mi cuello, sisean a mi oído detalles lejanos de un arpa.
Y vuelve a mi sesera el baile previo a la cena, en la habitación del hotel cuando, a medio vestir, quisiste enseñarme cómo se puede doblegar el alma al contacto de unos brazos alrededor de la cintura, con tu rostro acurrucado entre mi cuello y el recogido.


Una de tus manos aprieta mi seno izquierdo para concentrarlo, como si todo él pudiera caberte en la boca, que ya lo mama y relame.
Succionas y succionas, te crees que no voy a darme cuenta de que tu mano sigue reptando por mi piel haciendo girar un remolino alrededor de mi ombligo.
Para hacerlo equitativo masajeo mi otro pecho, estirando como de un elástico el endurecido extremo. Pero atajas la iniciativa de golpe: aprisionas mi muñeca y llevas mi brazo por encima de la cabeza donde quedará hasta los restos o hasta que consiga despistar tu celo.
Mi cuerpo se ondula, marejada al punto de las 12 por obra y gracia del tifón de tus yemas.
El gorjeo de voces en el altavoz comenta la excitación que me sacude y propone un solo de violines para amansar la tempestad de sensaciones.
Con los ojos cerrados veo el deleite en tu boca, mareas la saliva que te genero en cada mueca de placer que bebes de mí, en cada quejido que interpreta mi voz.
Y vuelves a lo tuyo como aquella vez que estando en el banquete de la cámara de comercio, en medio del ir y venir de la gente, me llevaste a un aparte y bajando los tirantes de mi vestido, te ufanaste en rendir pleitesía a mis hombros, al escote en V de mi espalda, huyendo al mundo de tus fantasías y dejándome a mí al tanto de la realidad.


Ufffff, mira que siempre es lo mismo, pero me haces caer otra vez en el abismo de tus caricias.
El dulce que ansías en mi mama brota con su perfume particular de mi coño.
Mas no llegaste todavía a su destino. Te interesa mucho más el ángulo de mis ingles, la forma aerodinámica próxima al pubis.
Y todo mi clímax es un poema, canta su lujuria al compás del coro que venera a Turandot. Y quiero ser ella, quiero deshacerme en tus manos, fundir los hielos del planeta y bañarme en ellos contigo, sin importarme las consecuencias.
Y lo sabes, tu boca sonríe al acometer por última vez mi dolorido pezón. Lo sabes todo sobre mí, y por eso lisonjeas con tu mano abierta los muslos evitando intencionadamente la intersección que une las piernas.
Y llego al límite, explota mi orgasmo con la fanfarria del rey oriental, entre mimos entrecortados y timbales insolentes.
Largo me corro, arqueo la pelvis porque no sé cómo eternizar esa sensación que humedece mis ojos dormidos en este sueño de sexo operístico.


Ágil y etéreo como el guepardo amarras mis brazos con los tuyos, estirados y prendidos al cabezal. Y me montas, con la lanza afilada al límite de sus posibilidades clavándose muy lentamente en la raíz de este juego perverso.
Con las tuyas cierras mis piernas y tu vientre se contrae contra el mío al ritmo del Nessun dorma.
Tu aliento en mi boca, mi pecho frenado en las embestidas del tuyo, nuestras caderas golpeándose ciegas.
Al final, mis gritos se mezclan con tus carcajadas, rotas por el esfuerzo, y me hincas los dientes en el hombro, de ahí saldrá el resto de tu energía y mis aullidos de plena satisfacción.
Abro los ojos y tienes en los labios gotas de sangre que chupo con fruición porque me doy cuenta de que esto no ha hecho más que empezar…





Música y sexo.
Música, tú y yo.

Safe Creative #1201080871279

11 comentarios:

El-la dijo...

Si, y no ha hecho más que empezar...
;)
Un saludo azul

tomasuncafe dijo...

otro acto de una puesta infinita, que siempre enciende el apetitito más voraz de tu música y la calma, besos

Noelplebeyo dijo...

para no descansar

alexia {All} dijo...

Soy estimulada por cada una de tus letras que logran encenderme e invitarme a entrar en en medio de tu placer...te dejo besos hermosa Shang Yue

LORD SHADOW dijo...

UNA LECTURA GENIAL, ENTRETENIDA Y MUY EXCITANTE!!!!

UN BESO, SHANG YUE.

carlitos dijo...

Ah, Turandot.

Mi querida Liu....
No deseo tu sacrificio.... tan pronto.
Primero, tu sumisa entrega...

luna dijo...

Me encanta muy exitante...
Un dulce abrazo ...

BLUEKITTY dijo...

¡Pero qué amante de puta madre! Así yo también me corro...y ya comienzo.

Sheol13 dijo...

¿Y quien se cansaría de esa droga que es la pasión llevada al clímax? Un abrazo.

Monica dijo...

Para lo que hay que hacer con un hombre cualquier banda sonora es buena.

Indra dijo...

Una de mis pasiones...la ópera.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...